Mallorca, una isla con una historia y un patrimonio que ‘mira más allá de la playa’

11/05/2022
Mallorca será escenario, del 22 al 29 de mayo, del TAU Cerámica Mallorca Challenger, prueba del calendario World Padel Tour, circuito profesional mundial del pádel. El evento hará de la isla un destino más que atractivo para esos visitantes llegados desde la Península y de otros lugares del mundo que, interesados por las experiencias locales auténticas y sostenibles, más que playa, gustan de la práctica deportiva, de la naturaleza, la historia y la cultura. ‘Inputs’ que instituciones como Fundació Mallorca Turisme y Govern de les Illes Balears impulsan firmemente y que tanto contribuyen en la desestacionalización turística.

El mensaje de que “hay que mirar más allá de la playa” y que Mallorca tiene encanto durante todo el año, ha calado ya y, en los últimos años, el turismo que recibe la isla ha ido cambiando y demostrando un creciente interés por las auténticas experiencias locales, la inmersión cultural, la sostenibilidad y el deporte.

Y la inclusión de la ‘Serra de Tramuntana’ en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco como Paisaje Cultural en 2011 fue la guinda de este cambio. Queda atrás, por tanto, el ‘boom’ turístico de las décadas de 1960 y 1970, que tuvieron en el primer vuelo chárter que aterrizó en Mallorca en 1950 su pistoletazo de salida. Nadie pudo imaginarse lo que aquel primer vuelo implicaba, pero en 1955 ya había una docena de hoteles en el centro de Palma y otros tantos al borde del mar, en Cala Major. 

Pero la historia de Mallorca comienza mucho antes de los Sesenta. De hecho, según los historiadores, las primeras huellas de la presencia humana en la isla datan del 7200 a.C., aproximadamente. Si bien fue hacia el 1200 a.C., cuando la población de Mallorca y Menorca se vio arrollada por la llegada de tribus guerreras que venían probablemente de Asia Menor y que hoy se las conoce como el pueblo talayótico.

Arrancan entonces una serie de misterios sin resolver, con una cultura cuyos talayots o torres vigía de piedra circulares y, a veces, de base cuadrada o en forma de casco de barco, que evidencian que era una sociedad organizada y jerárquica, dividida en una élite gobernante, una amplia clase marginada dedicada a la agricultura de subsistencia y los esclavos. 

El pueblo talayótico dominó la isla hasta la llegada de los romanos en el s. II a.C. El cónsul romano Quinto Cecilio Metelo desembarcó en Mallorca en 123 a.C., y mandó traer 3.000 repobladores de la Iberia peninsular y fundó dos campamentos militares. Con el nombre de Palmeria o Palma y Pol·lèntia, pronto fueron las principales poblaciones de Mallorca. Pol·lèntia, situada entre las bahías de Pollença y Alcúdia, se embelleció con magníficos edificios, templos, un teatro y otras construcciones. La Mallorca romana permanecería, en gran medida, en paz hasta que los vándalos la arrasaron en el 426 d.C. 

Un siglo más tarde y tras la reconstrucción del Imperio romano por parte de Justiniano, Mallorca fue cedida a los bizantinos. Pero fueron los ejércitos musulmanes los que llevaron el bienestar y la convivencia religiosa a la isla, desde principios del s. IX, cuando fue incorporada al Califato de Córdoba, y gobernándola durante más de 300 años. Madina Mayurqa se convirtió, en aquel tiempo, en una de las ciudades más cosmopolitas de Europa. Y a finales del s. XII, contaba con 35.000 habitantes, lo que la situaba a la par de Barcelona y Londres. 

En 1229, Jaime I de Aragón, más conocido como ‘el Conquistador’ (1208-1276), la ‘reconquistó’ y, desde entonces, permaneció en manos cristianas y de repobladores procedentes de Cataluña, quienes impusieron su religión, su lengua y sus costumbres en la isla. Durante los siglos posteriores, la vida fue bastante dura para la población rural mallorquina. A menudo, perdía sus tierras y acababa convirtiéndose en ‘jornalers’ a merced de propietarios absentistas y de los piratas berberiscos, cuyos ataques obligaron a Mallorca a mantenerse en guardia durante gran parte del s. XVIII.

A principios del s. XIX, Mallorca se vio azotada por las Guerras Napoleónicas. Y ya, en las primeras décadas del s. XX, también llegaron desde la Península los vientos de cambio reinantes, con cuestiones como la sucesión real o como la devastadora Guerra Civil.

Patrimonio histórico y cultural

En la actualidad, la isla de Mallorca tiene 860.000 habitantes, 440.000 residen en su capital Palma de Mallorca. Y cuenta con dos idiomas oficiales, el castellano y el catalán. Uno de sus dos principales motores económicos sigue siendo el turismo, sus visitantes, que ya no buscan tanto sus calas y sus playas, sino practicar deportes como triatlón, cicloturismo, carrera de montaña, golf, tenis, etcétera, y zambullirse en su naturaleza y en su patrimonio histórico y en su cultura.     

Así, dentro del área metropolitana de Palma, en el municipio de Llucmajor, está el poblado prehistórico de Capocorb Vell, declarado Monumento Histórico Artístico y uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Mallorca. Encuadrado en la cultura talayótica, de la que hablábamos anteriormente, y en un excelente estado de conservación, las ruinas alcanzan una extensión de medio kilómetro, donde hay tres talayots circulares, dos cuadrados y un túmulo (montón de tierra y piedras levantado sobre una tumba o varias), más o menos, alineados y rodeados por algunas construcciones de menor tamaño. El estado de conservación del conjunto es bastante bueno, llegando algunas de los restos de estas construcciones de grandes bloques de piedra sin labrar a una altura de casi siete metros, cuando podían haber tenido dos o tres plantas de altura.

En el noreste de la isla, en Alcudia, la antigua Pol·lèntia o Pollentia, están las ruinas romanas más significativas de Mallorca. Entre el siglo I a.C y III d.C., la vetusta ciudad romana de Pollentia tuvo un gran desarrollo urbanístico, convirtiéndose en la ciudad más importante de Baleares. Con una extensión de entre 15 y 20 hectáreas, su tejido urbano se organizaba en una retícula, orientada norte-sur, que contaba con una red de abastecimiento de agua potable y alcantarillado. Actualmente, aún se conservan algunas zonas residenciales, los restos del antiguo anfiteatro con algunas tumbas, además del antiguo foro y áreas de la portezuela. Pero Alcudia, la también antigua capital de Mallorca, es hoy una vibrante localidad costera que invita a pasear y perderse por sus callejuelas que se esconden al abrigo de la antigua muralla que la envolvía tiempo atrás.

La catedral de Santa María de Palma de Mallorca, conocida como la ‘catedral de la luz’, gracias a sus 59 ventanales y sus 5 rosetones, se levantó en el lugar que antaño ocupó la gran mezquita de Madina Mayurqa. Construida hace casi 800 años con un estilo gótico mediterráneo, destaca por su rosetón mayor u ‘ojo gótico’, el mayor del templo que cuenta con casi 14 metros de diámetro y lo convierte en el más grande en su estilo. Sus dimensiones lo permiten proyectar sobre el interior un halo de luz prácticamente mágico. También es reseñable el Portal de El Mirador, portón de más de 15 metros de altura, considerado una de las piezas de arquitectura más importantes del periodo gótico en España y localizado en la fachada sur de la seo. Sin olvidar, las 9 campanas de diferente tamaño y nombre con las que cuenta el templo. Una de las campanas más destacadas por su tamaño es ‘N’Eloi’, una pieza con un diámetro de dos metros y un peso de más de 4.500 kilos. En definitiva, una catedral que sorprende tanto por la majestuosidad de su exterior como por su detallado interior y que bien merece una visita.

Pegado a la catedral, el Palacio Real de La Almudaina, antiguo al-qasr o alcázar, se construyó sobre un fuerte romano. La primera versión del palacio actual, de estilo musulmán, data de 1281 y, años después, sería modificado por el rey Jaime II, quien le daría su forma actual. El interior del palacio está perfectamente conservado y diferentes estancias aún conservan el mobiliario y una agradable decoración para evocar un ambiente palaciego. De destacar, la escalinata real, los aposentos reales, que aún parecen estar habitados, y la capilla de Santa Ana, una auténtica joya gótica.

La Serra de Tramuntana localizada en el noroeste de Mallorca, debe su nombre al fuerte viento que sopla siempre en esta dirección. Es uno de los principales atractivos naturales de la geografía de Mallorca, ya que cuenta con acantilados y desfiladeros únicos en el continente, y conserva una vegetación y bosque autóctono solo existente en este área. En definitiva, un característico paisaje rocoso con su propio ecosistema que provoca un interesante contrapunto con las más de 300 calas y playas existentes en la isla.

Esta zona de la montaña cuenta, además, con una gran cantidad de cuevas, siendo las más conocidas las Cuevas del Drach, un auténtico espectáculo de estalactitas y estalagmitas de formas salvajes, sobre lagos subterráneos bellamente iluminados. Este excelente capricho de la naturaleza se extiende hasta 25 metros de profundidad y puede ser recorrido por el visitante a lo largo de 1.000 m. Cruzando sus numerosas estancias, diversos lagos en los que las diferentes formaciones rocosas se muestran por duplicado al encontrarse con su reflejo.

Y también en la Serra de Tramuntana, una de las localidades más hermosas del interior de Mallorca, Sóller. Envuelta por un valle de naranjos, sus calles se encuentras repletas de edificios modernistas levantados a principios del s. XX, por quienes emigraron a Francia en busca de trabajo y regresaron a la isla con sus pequeñas fortunas. 

En 1912, se inauguraría el tren de Sóller, una maravillosa obra de ingeniería que lograría unirla con Palma para el transporte de mercancías y pasajeros. Atraviesa las montañas por medio un túnel de casi 3.000 metros de longitud y superando un desnivel de casi 200 metros en un tramo de siete kilómetros. Un sorprendente viaje ferroviario de una hora y 27 kilómetros atravesando el centro de Palma antes de perderse entre los desconocidos paisajes del interior de Mallorca, recorriendo campos de olivos y antiguas fincas, mientras se abre paso frente a la dureza de la sierra antes de relajarse a orillas del puerto de Sóller y que, con los años, ha acabado convirtiéndose en uno de los principales atractivos turísticos de Mallorca.

Información patrocinada por Trasmed, Transportes Mediterráneo.

Fotos cedidas por turismomallorca.com

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